La mirada del Escultor de Eones no era una luz, sino una presión gravitatoria que hacía que los pilares de diamante y obsidiana de la catedral de luz crujieran como madera seca.
Valeria Miller sintió el peso de esa observación en lo más profundo de su esencia traslúcida.
Para los seres que habían moldeado el tiempo desde que el primer átomo golpeó al segundo, ella y Sebastián no eran más que hormigas que habían construido un hormiguero usando las migajas de un banquete divino.
La estructura en