El impacto de la nave contra la superficie de Groenlandia no fue un choque de metal contra roca, sino un hundimiento violento en una sustancia que parecía nieve pero se comportaba como mercurio congelado.
Los sistemas de navegación se apagaron con un gemido electrónico final, dejando a Valeria Miller y a Julian Vane sumergidos en una penumbra roja, solo iluminada por las luces de emergencia que parpadeaban como el pulso de un animal moribundo.
Valeria sintió el dolor punzante en sus costillas