El aire en el Sector Hades se había vuelto denso, cargado con el olor a ozono y el sudor de hombres y mujeres que ya no esperaban milagros, sino una última oportunidad de luchar.
Ricardo trabajaba febrilmente en el repetidor de pulso, una caja metálica llena de cables expuestos y circuitos recuperados de las turbinas oxidadas.
Sebastián observaba los preparativos desde una pasarela superior.
Su mano derecha apretaba la barandilla de hierro con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. Ve