La entrada a lo que Elena llamaba "El Sótano del Mundo" no era más que una grieta insignificante bajo un saliente de granito, oculta por el viento incesante de la cumbre.
Uno a uno, los supervivientes se deslizaron por un túnel estrecho y húmedo que descendía en un ángulo vertiginoso. Al final del túnel, la oscuridad se abrió para revelar una caverna colosal, pero no era natural.
Paredes de hormigón bruto, cables de alta tensión colgando como lianas metálicas y enormes turbinas oxidadas se ext