El aire dentro del "Útero de Acero" era denso y cargado de una humedad que no pertenecía al desierto marciano.
Mientras las paredes de la superficie de Marte vibraban bajo el bombardeo de la Flota Negra, Valeria Miller contemplaba el pequeño embrión que flotaba en la cámara de incubación.
Era una luz débil, un pulso de vida sin metal, sin código, sin la interferencia de Némesis.
Es hermoso... y es nuestra sentencia de muerte susurró Valeria, sintiendo el calor del cristal bajo sus dedos.
Mate