CAPÍTULO 20: CRINOS
LEYLA
Se detiene a un suspiro de mí. El calor que emana de su piel es como un horno en pleno invierno. Levanto la mirada, perdiéndome en esos ojos que ahora no solo prometen protección, sino una posesión absoluta.
—En rigor, no te reclamé ante mi gente, pues mi pueblo ya no está aquí; te reclamé ante los elfos... y los tuyos.
—Viene a ser lo mismo. Se lo dira a tu padre cuando marche hacia el reino para declararles la guerra.
—No tengo miedo del peso, Krul —susurro, y por pr