CAPÍTULO 9: VULNERABILIDADLEYLA—¿Qué has hecho? —me pregunta.—Acabo de extraerte el veneno en lugar de solo tapar la herida con el ungüento.—Por...—¿Qué tal el dolor? —lo interrumpo, porque no quiero que comience a cuestionar mis acciones porque no tendría una respuesta.—Ya está pasando —asiento, mientras una nueva atmósfera comienza a llenar la habitación.Me inclino sobre él, mi rostro a centímetros del pecho de Krul, inspeccionando la herida. Puedo sentir el calor masivo que emana de su cuerpo, un calor que parece querer absorberme. Mis dedos, cubiertos de su sangre, recorren ahora las cicatrices antiguas de sus pectorales; agarro un trapo y comienzo a limpiar el exceso del líquido con una ternura y delicadeza que no sabía que poseía.Krul deja escapar un suspiro largo, y su mano, grande y pesada, sube para enredarse en mi cabello, obligándome a levantar la vista.—¿Por qué me cuidas con tanta delicadeza? —me pregunta, sus ojos dorados brillando de nuevo con esa intensidad de
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