CAPÍTULO 28: EL RUGIDO DE LA LUNA
LEYLA
El dolor punzante que me ha estado manteniendo en un estado de duermevela durante días finalmente ha comenzado a ceder, dejando en su lugar una extraña calidez casi líquida que se remolina bajo mi piel. La marca en el cuello ya no es una herida abierta, sino una costra de fuego que late al ritmo de mi propio corazón... o quizás al ritmo del de él. La unión con Krul no es un simple contrato de sangre; es una marea constante que sube y baja, inundando mis