CAPÍTULO 30: CORAZÓN DE LOBO
LEYLA
El silencio que se instaló en la Fortaleza de los Colmillos tras la masacre no es, ni de lejos, sinónimo de paz. Es algo mucho más denso, una calma cargada de estática como el aire que precede a un cataclismo. El asalto de los orcos ha dejado una cicatriz invisible pero profunda en la piedra y en nuestras almas. La fortaleza todavía exhala un hedor persistente: sangre espesa, el azufre de las antorchas derribadas y el olor metálico de la nieve que se derrite