El impacto de ver a Damián volar por los aires, lanzado como una simple astilla por la mujer que acababa de emerger del hielo, me provocó un grito que se ahogó en mi garganta, sofocado por la presión gélida que emanaba de ella. Ella era la Fuente, la Luna Original, y su sola presencia hacía que mi corona de luz negra vibrara con un pavor servil. Su piel azulada y esas runas esmeraldas que brillaban con un ritmo hipnótico la hacían lucir como una diosa de la muerte, una belleza tan perfecta que