Le hice señas a Likantor para que se hiciera cargo de la situación, a mi o me apetecía en lo más mínimo lidiar con lo que sea que habían agarrado de juguete mis soldados, sabía que su jefe inmediato tendría la suficiente mano dura para reprenderlos por exhibir una actitud tan inmadura en una tierra ajena, aun siendo provocados.
Estaba a punto de girarme y dirigirme de nuevo a la casona, cuando escuche la voz firme y sin rasgo alguno de miedo en medio de la bulla.
- ¡BASTA! ¡DEJENLA EN PAZ! –
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