De pronto, de la nada el nombre de Ailén cruzo mi mente… ella tenía experiencia con animales y personas, algo debía poder hacer en este caso. Salí rápidamente de la cueva entre tropiezos y tomé uno de los caballos de los guardias que estaban a la espera de mis órdenes.
Galope rápidamente hacia el castillo, y a pesar de que el caballo iba a toda velocidad, el camino se me hacía eterno. No deseaba perderlo, mientras intentaba con todas mis fuerzas evitar que un pensamiento de muerte inminente se