El rey Ezra dirigió su mirada hacia su hija a la espera de una respuesta, ella se limitó a bajar la mirada mientras se mordía el labio, señal inequívoca que no deseaba delatarse a sí misma. Al ver la falta de respuesta, su padre dirigió su mirada a mi nuevamente y dijo:
- Siéntete en completa libertad de detallar cada palabra en esa conversación, ya que mi hija se niega a hacerlo por sí misma –
- Lo siento majestad, me temo que no puedo hacerlo, aun cuando mi honor este de por medio. Lo único q