Kael
La observé mientras dormía, con la luz del amanecer filtrándose por las cortinas y dibujando patrones dorados sobre su rostro. Auren respiraba con suavidad, ajena a mi escrutinio, a mis pensamientos, a la tormenta que se desataba en mi interior cada vez que la miraba. Sus pestañas proyectaban pequeñas sombras sobre sus mejillas, y un mechón rebelde de cabello caía sobre su frente. Tuve que contener el impulso de apartarlo.
¿Cuándo había comenzado a importarme tanto? ¿En qué momento la hija