Auren
La biblioteca real siempre había sido mi refugio, incluso ahora que mi estatus había cambiado. Entre estos estantes polvorientos, rodeada del aroma a pergamino y tinta, podía fingir que seguía siendo invisible. Que no era la hija bastarda del Rey, destinada a un matrimonio político. Que no sentía esta atracción prohibida por el hombre enviado a vigilarme.
Recorrí con los dedos el lomo de los libros antiguos mientras la luz del atardecer se filtraba por los vitrales, proyectando sombras do