Auren
El aire en la sala del trono se había vuelto denso, casi irrespirable. Las antorchas proyectaban sombras danzantes sobre los muros de piedra, creando la ilusión de que el mismo palacio estaba vivo, respirando con nosotros. Frente a mí, sentado en aquel trono que durante tanto tiempo había simbolizado mi opresión, estaba él. Mi padre. El Rey.
Sus ojos, tan parecidos a los míos, me estudiaban con una mezcla de desprecio y curiosidad. Como si yo fuera una pieza de ajedrez que había cobrado v