El jet privado de la familia Valderrama surcaba los cielos con un zumbido suave, atravesando las nubes sobre las montañas de la Colombia Central.
Dentro de la lujosa cabina, Valentina miraba por la ventana con sentimientos encontrados.
Hace apenas unos meses, había recorrido el mismo trayecto en un viejo autobús interdepartamental, temblando de miedo y ocultando su identidad como fugitiva de la familia más rica de Bogotá.
Hoy regresaba como esposa legítima, como madre y como directora médica