El comedor de la mansión en El Poblado se sentía más frío de lo habitual, aunque los sirvientes acababan de encender la chimenea en la esquina de la amplia sala. La mesa larga de roble oscuro pulido hasta brillar había sido dispuesta con cubiertos de plata pura que relucían bajo la luz de la araña de cristal. Valentina se sentó a la derecha de Sebastián, sintiendo que le costaba un poco respirar por el vestido verde esmeralda que abrazaba su cuerpo a la perfección. Frente a ella, Elena Valderrama estaba sentada con una elegancia mortal, observando a Valentina como si fuera un espécimen de laboratorio en plena disección. "Entonces, Valentina," comenzó Elena la conversación, con voz suave pero afilada como una navaja mientras cortaba el wagyu con una precisión aterradora. "Sebastián dice que eres enfermera graduada en Madrid. Qué extraño, tengo muchas conexiones en los círculos médicos españoles, pero el apellido 'Morales' de una familia de negocios quebrada nunca ha llegado a
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