El primer amanecer como marido y mujer, unidos de forma absoluta y legítima, saludó a Bogotá con una calidez y una serenidad extraordinarias.
La luz del sol se filtraba entre las rendijas de las cortinas de la habitación principal de la residencia Valderrama, iluminando los pétalos marchitos de rosas blancas esparcidos por el suelo: restos de la fastuosa celebración de la noche anterior.
Para Valentina, despertar entre los brazos de Sebastián, sin la sombra de miedos por «contratos» ni secret