Mundo ficciónIniciar sesiónEl despertador interno de Catalina la arrancó del sueño exactamente a las seis de la mañana, como había aprendido a hacer después de semanas de entrenamiento pavloviano. Ya no necesitaba que las sirvientas abrieran las cortinas para despertarla. Su cuerpo había memorizado el horario con la precisión de un reloj suizo.
Se sentó en la cama, observando las paredes de su habitación en el palacio. Eran hermosas—seda color marfil con adornos dorados, pinturas de maestros antiguos, muebles qu







