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Entre un latido y el siguiente, existe el espacio donde se escriben los destinos.

Camila lo entendió cuando el monitor emitió ese sonido—no el pitido agudo y constante que anunciaba la muerte, sino algo peor: el silencio. El silencio donde debería haber habido un latido.

—Perdimos el ritmo cardíaco fetal —la voz de la Doctora Chen atravesó la sala como una hoja de cristal rompiéndose.

El tiempo se fragmentó

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