Mundo ficciónIniciar sesiónEl reloj de la torre del palacio marcó las once de la noche cuando el lacayo tocó a la puerta de los aposentos de Catalina. No esperó respuesta antes de entrar, como si su privacidad fuera un concepto que había dejado de existir en el momento en que cruzó el umbral de la realeza.
—Su Alteza el príncipe requiere su presencia en la cámara nupcial.
Catalina levantó la vista del libro que había estado fingiendo lee







