La carta estaba redactada en un lenguaje jurídico impecable, pero yo la había escrito con las entrañas. Cada palabra era un clavo más en el ataúd de mi matrimonio. La sostuve entre los dedos mientras el coche avanzaba hacia Monteverde Tech, y sentí que el papel pesaba más que todos los informes del detective juntos.
Venegas iba a mi lado, con el maletín de cuero gastado sobre las rodillas.
—¿Está segura de que quiere hacerlo en persona? —preguntó—. Podríamos notificarle por medios legales y evi