A la mañana siguiente, Valeria no fue al hospital. Le pidió a Lucía que fuera sola, con la excusa de unos trámites. En realidad, tenía una cita mucho más importante y dolorosa.
Camila Salcedo la esperaba en una cafetería discreta, cerca de la universidad. Valeria la reconoció por la foto del informe: mujer de unos cuarenta años, pelo castaño recogido, facciones finas y una mirada que delataba años de miedo.
Se sentó frente a ella sin preámbulos.
—Usted sabe por qué estoy aquí.
Camila bajó la vi