Capítulo 31.
Al llegar a la empresa, él se fue directo a revisar la llegada de nuevas refacciones, como siempre tan meticuloso con cada detalle de la empresa. Yo, en cambio, caminé hacia mi oficina. Antes de que el ascensor se cerrara, Armando me robó un beso frente a todos. Me sonrojé hasta las orejas. Aún no me acostumbro a sus gestos a la vista de todos, Y aunque me guste, no deja de avergonzarme.
Cuando las puertas se abrieron en mi piso, lo primero que vi fue a Cintia parada junto a su escritorio. Pare