Capítulo 31.

Al llegar a la empresa, él se fue directo a revisar la llegada de nuevas refacciones, como siempre tan meticuloso con cada detalle de la empresa. Yo, en cambio, caminé hacia mi oficina. Antes de que el ascensor se cerrara, Armando me robó un beso frente a todos. Me sonrojé hasta las orejas. Aún no me acostumbro a sus gestos a la vista de todos, Y aunque me guste, no deja de avergonzarme.

Cuando las puertas se abrieron en mi piso, lo primero que vi fue a Cintia parada junto a su escritorio. Parecía al borde de un colapso: el lugar estaba cubierto de flores, ramos de todos los colores y tamaños, tantos que apenas quedaba espacio para ella.

—¿Qué es todo esto, Cintia? —pregunté incrédula—. ¿Por qué hay tantas flores?

Ella suspiró como si llevara horas esperando ese momento.

—Valeria, qué bueno que llegaste y, sobre todo, de tan buen humor. Todo esto es para ti. Desde hace días no dejan de llegar, el señor Jonathan Smith no para de mandarte detalles. Le devolví varios en tu nombre, pero f
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