Capítulo 17.
Valeria
La música cambió. No sé si fue casualidad o si él lo ordenó, pero la orquesta empezó a tocar una melodía lenta, envolvente, perfecta para acercar cuerpos que no deberían acercarse.
Armando estaba a mi lado, demasiado cerca, con ese whisky que parecía una extensión de su mano. Sus ojos me atravesaron, y antes de que pudiera reaccionar, él dejó el vaso sobre la mesa y se levantó.
—Valeria… —dijo, ofreciéndome su mano—. Baile conmigo.
Lo miré con incredulidad.
—¿Bailar? ¿Con usted?
—¿Acaso