Capítulo 17.
Valeria
La música cambió. No sé si fue casualidad o si él lo ordenó, pero la orquesta empezó a tocar una melodía lenta, envolvente, perfecta para acercar cuerpos que no deberían acercarse.
Armando estaba a mi lado, demasiado cerca, con ese whisky que parecía una extensión de su mano. Sus ojos me atravesaron, y antes de que pudiera reaccionar, él dejó el vaso sobre la mesa y se levantó.
—Valeria… —dijo, ofreciéndome su mano—. Baile conmigo.
Lo miré con incredulidad.
—¿Bailar? ¿Con usted?
—¿Acaso le asusta? —su sonrisa era una provocación peligrosa.
No respondí. Tomé su mano porque negarme frente a todos sería darle una victoria que no estaba dispuesta a concederle. Me condujo al centro de la pista con la seguridad de quien sabe que todos lo miran y aún así no le importa.
Su mano fuerte rodeó mi cintura, acercándome más de lo necesario. Sentí su perfume —ese aroma amaderado, viril, con un toque de especias— envolverme, y me maldije por estremecerme.
—Está temblando —susurró en mi oído.