CRHIS.
Bajo de mi auto y cierro la puerta con un golpe seco. Me detengo un segundo a observar el edificio de la editorial. El sol rebota en los cristales, pero yo solo veo un nido de víboras. No vengo por Aura; ella necesita espacio después del desastre con Angélica. Vengo a ver al hombre que mueve los hilos: el director.
Entro al vestíbulo y el ambiente cambia al instante. El murmullo de los periodistas y empleados se detiene. Siento sus miradas clavadas en mi espalda, el rastro de chismes que