CONTRA LA PARED.
AURA.
Liam me está esperando. Está apoyado contra su coche, con su habitual traje de abogado, con una expresión de alivio y preocupación.
Camino hacia él, sintiéndome como si estuviera cruzando un umbral de vuelta a una realidad más simple, pero menos emocionante.
—Hola —dice Liam, enderezándose.
Me acerco y él me atrae hacia sí, dándome un beso en la boca. Es un beso familiar, cómodo, el beso de un novio que quiere reconciliarse.
Sin embargo, en el instante en que sus labios tocan los míos, mi mente traiciona a Liam. La cercanía de Christopher en el estacionamiento, su aliento en mi cara, el pánico de pensar que me iba a besar... todo vuelve.
No sé por qué, pero el beso de Liam me hace pensar en la boca de Christopher cuando se acercó tanto a mí en el estacionamiento. No se besaron, pero la promesa de ese beso no dado es tan potente que anula la realidad.
Liam sabe a seguridad, a rutina. La boca de Christopher sabría a peligro, a metal y a esa pasión helada que me prometió. Siento un