La noche había sido larga. Después de que Mateo revelara las pruebas del accidente de Suiza, el peso de la verdad había caído sobre nosotros como una losa. Lorenzo Valdés no solo había envenenado a mi madre. También había intentado matar a su propio hijo.
Ahora, sentada en el salón de la mansión con Víctor frente a mí, sentía que el mundo se tambaleaba bajo mis pies.
—Necesito saberlo todo —dije, con la voz firme aunque por dentro temblaba—. Toda la verdad. Sin mentiras. Sin omisiones.
Víctor a