La amenaza telefónica de Agustín dejó un eco helado en el despacho. Con solo dos horas en el reloj, la desesperación amenazaba con paralizarlos, pero el equipo de crisis se activó de inmediato. La policía oficial avanzaba con una lentitud desesperante, atrapada en protocolos y burocracias de rastreo que los Knight no podían permitirse esperar.
—No tenemos tiempo para esperar sus órdenes de cateo —sentenció Mateo, apartando los mapas oficiales—. Voy a usar mis propios canales.
Mateo se conectó a