El pavimento brillaba bajo la llovizna intermitente mientras el motor de la camioneta de Rowan rugía camino al puerto comercial. Con las manos apretadas al volante, Rowan presionó el comunicador de su vehículo para enlazar el teléfono celular de su esposa. Su corazón latía con una violencia inaudita tras descubrir que ella se había marchado sola y armada de la mansión.
—¡Vanesa, respóndeme! —exclamó Rowan, con la voz rota por la angustia y la adrenalina—. Sé que estás en camino al puerto. Te lo