El despacho de Montenegro olía a café y a papeles viejos. Rowan y yo estábamos sentados frente a su escritorio, con el corazón acelerado y la certeza de que lo que estaba por venir cambiaría todo.
Montenegro nos miró largamente, como si sopesara el peso de sus palabras.
—He encontrado algo —dijo finalmente, deslizando un sobre sobre la mesa—. Algo que podría cerrar el caso de Lysandra de una vez por todas.
—¿Qué es? —preguntó Rowan, con la voz tensa.
Montenegro abrió el sobre y sacó varios docu