La mañana siguiente amaneció con un sol tímido que se filtraba a través de los ventanales de la mansión. Rowan estaba en su despacho desde temprano, con Montenegro al teléfono, coordinando los siguientes pasos en el caso de Eric. La situación era delicada, pero Rowan estaba decidido a no dejar nada al azar.
—Quiero que inicies el proceso legal para reconocer a Alessandro —dijo, con la voz firme—. Quiero que sea oficialmente un Knight.
—Lo haré de inmediato, señor Knight —respondió Montenegro—.