La revelación de Mateo aún flotaba en el aire cuando salió del despacho de Rowan, dejándonos a ambos con el corazón acelerado y la certeza de que Ingrid Zulbren seguía moviendo sus piezas desde las sombras.
Pero algo en sus ojos me había hecho querer saber más. Algo en la forma en que había hablado de su vida, de su dolor, me recordaba a mí misma. Y supe que no podía dejarlo ir así.
—Rowan, necesito hablar con él a solas —dije, apretando su mano.
—Vanesa...
—Confía en mí. —Lo miré fijamente—. H