Salí deprisa antes que se fuera.
—¿Puedo ir contigo?, ¿Te acompaño?.
—Si, te voy a necesitar. Gracias por estar en estos momentos.
—Vamos, nos esperan.
La noticia había llegado como un golpe en el estómago, y todavía no lograba recuperar el aliento. Mateo estaba en la sala de espera, lo mando a buscar con uno de sus asistente. Rowan en su oficina en la torre, estaba de pie frente al ventanal de su despacho en la torre, con las manos apoyadas en el marco de madera y la mirada perdida en el horiz