El café donde Ingrid Zulbren había citado a Rowan era un lugar discreto, escondido en una callejuela del centro histórico de la ciudad. Mesas de madera oscura, luz tenue y un silencio que solo se rompía con el tintineo de las tazas. El tipo de lugar donde la gente va a hacer tratos que no quieren que nadie más vea.
Rowan llegó puntual, como siempre. Llevaba un traje gris oscuro, sin corbata, y una expresión de hielo que no lograba ocultar la tensión en sus hombros. Ingrid ya estaba sentada en u