El sueño llegó sin avisar, como una ola que arrastra todo a su paso.
Estaba en el crucero. La misma cubierta iluminada por lámparas de cristal, la misma orquesta tocando melodías suaves, la misma multitud de máscaras y vestidos de gala. Pero esta vez, no era un desconocido enmascarado quien bailaba entre la multitud. Era yo.
Y frente a mí, con el vestido marfil que rozaba el suelo y la máscara de plumas negras, estaba Vanesa.
Su sonrisa era la misma que había visto aquella noche. La misma luz e