La tarde se extendía sobre la mansión como un manto dorado cuando el teléfono de Rowan sonó en el salón. Lo vi contestar, y su expresión cambió de inmediato. La mandíbula se tensó, los ojos se oscurecieron.
—¿Qué pasa? —pregunté, acercándome.
—Lysandra. —Guardó el teléfono—. Dice que viene, que quiere ver a Eric.
—¿Y tú le has dicho que sí?
—No le he dicho nada. —Rowan pasó una mano por su rostro—. Ha llamado a Beatriz y le ha dicho que vendría. Que no aceptaría un no por respuesta.
—¿Y qué vas