El golpe de la puerta al cerrarse resonó en la sala de reuniones como un disparo. Los abogados intercambiaron miradas incómodas, recogiendo sus pertenencias con una rapidez que delataba su deseo de escapar de aquella escena.
Yo seguía de pie, viendo la escena. Lysandra acababa de irrumpir en la sala donde habíamos firmado el contrato, gritando, acusando, amenazando. Y Rowan, con una frialdad que me heló la sangre, la había puesto en su lugar.
—Vanesa. —La voz de Rowan me devolvió a la realidad.