La sala de reuniones del piso de la presidencia era un espacio frío y pulcro, diseñado para inspirar seriedad y poder. Pero yo, sentada frente a una mesa de caoba rodeada de abogados con trajes impecables, solo sentía miedo.
Rowan estaba a mi lado, con el traje oscuro impecable y la expresión de hielo que había perfeccionado durante años. Frente a nosotros, dos abogados revisaban el documento final: el contrato matrimonial que sellaría nuestro destino.
—Señorita Hayes, señor Knight —dijo el abo