Desperté en el sofá de la sala, con un cojín bajo la cabeza y tres pares de ojos clavados en mí con la misma expresión de pánico contenido.
—Vanesa. —La voz de Rowan sonaba rota—. ¿Cómo te sientes?
—Mareada —admití, intentando incorporarme—. Pero bien. De verdad, estoy bien.
—No te muevas tan rápido. —Alessandro apareció con un vaso de agua, las manos temblándole apenas—. Casi te desmayas, mamá.
Eric permanecía de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados y una expresión que no supe desci