El sol de la mañana se filtraba a través de los ventanales del despacho de Rowan, iluminando la silla vacía que durante décadas había sido el centro del imperio Knight. Pero esa mañana, algo era diferente. Rowan estaba de pie junto a la ventana, con las manos en los bolsillos y una sonrisa que no había visto en mucho tiempo.
—¿Estás seguro de esto? —pregunté, entrando en el despacho con paso firme.
Rowan se giró lentamente y me miró con esos ojos verdes que aún me hacían latir el corazón con la