El primer día del retiro de Rowan comenzó como cualquier otro: con el aroma a café recién hecho y el sonido de los pájaros en el jardín. Pero algo era diferente. Por primera vez en veinte años, Rowan no tenía una reunión a primera hora. No tenía llamadas urgentes que atender. No tenía informes que revisar.
Solo nosotros.
—No sé qué hacer con tanto tiempo libre —dijo Rowan, sentado en la terraza con una taza de café en la mano y una sonrisa que no lograba ocultar.
—Disfrutarlo —respondí, sentánd