La noche anterior apenas había podido conciliar el sueño. La orden de Rowan Knight de verme a primera hora en su despacho presidencial resonaba en mi mente como una sentencia. Me desperté temprano, preparé el desayuno de Alessandro y lo dejé en la guardería de la planta baja con el corazón en la garganta. Al mirarlo antes de despedirme, vi una vez más el reflejo de esos ojos verdes que ahora me tocaba encarar en el último piso de la torre.
Subí en el ascensor sintiendo que las paredes de metal