La oficina de Lysandra en el ala este de la torre era un espacio de mármol y cristal que ya no le pertenecía emocionalmente. Desde que Vanesa Hayes había aparecido, cada rincón de su vida se había convertido en un campo minado.
Ahora, sentada frente a su computadora portátil, con los dedos sudorosos sobre el teclado, se disponía a cometer el mayor de sus crímenes.
El fideicomiso de Eric.
Rowan lo había creado el día que nació el niño. Un fondo intocable, blindado con las mejores garantías legal