El mediodía llegó acompañado de una densa capa de nubes que oscureció los ventanales de la torre. El trabajo en el departamento de Finanzas no me daba tregua, mis dedos volaban sobre el teclado mientras organizaba los últimos balances que Frank me había solicitado para la junta general. Sin embargo, mi mente seguía atrapada en la imagen de Agustín López acechando mi edificio y en las desesperadas amenazas de Lysandra. Sabía que estaba caminando sobre la cuerda floja, pero el rostro pacífico de