La luz de la mañana se filtraba a través de los ventanales del taller de perfumería mientras yo mezclaba las esencias con una precisión que solo el amor podía guiar. Tenía frente a mí los frascos con las esencias que Víctor me había enviado desde el jardín, las cartas de mi madre, y la pequeña llave de oro que había encontrado en la caja. Pero lo más importante era el recuerdo de Elena, su sonrisa, su amor, su legado.
Isabela estaba a mi lado, observando cada movimiento con una mezcla de admira