La luz del sol se filtraba a través de los ventanales del taller de perfumería, iluminando los frascos de vidrio y las esencias que descansaban sobre la mesa de trabajo. El aroma a jazmín, vainilla y almendra amarga llenaba el aire, mezclándose con las risas de Alessandro y Eric, que estaban sentados frente a mí con los ojos brillantes de emoción.
—¿Listos para aprender? —pregunté, con una sonrisa.
—¡Sí! —gritaron al unísono, saltando en sus asientos.
—Bien —dije, tomando un frasco de esencia d