El segundo día del juicio amaneció con un sol tímido que se filtraba a través de los ventanales del tribunal. La sala estaba aún más llena que el día anterior. Los periodistas se agolpaban en las primeras filas, y el murmullo de las conversaciones llenaba el aire como un enjambre de abejas.
Yo estaba sentada en el estrado de los testigos, con las manos sudorosas y el corazón latiendo tan fuerte que temía que todos pudieran oírlo. Rowan estaba en el público, en la primera fila, con los ojos verd