El avión atravesaba el cielo sudamericano mientras el sol comenzaba a descender, tiñendo las nubes de tonos naranjas y dorados. El paisaje que se extendía bajo nosotros era una inmensidad verde, salpicada de ríos serpenteantes y montañas que se perdían en el horizonte.
Estábamos cerca. El jardín secreto de mi madre nos esperaba.
Desde que despegamos, la tensión había sido palpable. El mensaje de Mateo sobre Isabela Valdés en camino a la mansión había añadido una capa más de preocupación a nuest